En ocasiones, por negligencia o por una falta de una evaluación exhaustiva del caso, se diagnostica con mucha frecuencia y de manera superficial este síndrome.
Para conocer las causas y el mejor tratamiento de este síndrome es necesaria la intervención de diversos especialistas, y esa es la tendencia a nivel internacional.
Cada vez se habla más sobre el trastorno de déficit de atención en los niños, y mucho se ha avanzado en su conocimiento, pero aún se sigue investigando a fin de conocerlo y tratarlo de la mejor manera.
Esto se debe a que en ocasiones, por negligencia o por una falta de una evaluación exhaustiva del caso, se diagnostica con mucha frecuencia y de manera superficial, sin hacer una delimitación adecuada del diagnóstico y sin tomar en cuenta los demás factores que intervienen y sus morbilidades, que pueden confundir al médico de primera intención, y de esta manera el niño recibe un tratamiento a medias, que obtendrá resultados también a medias.
La intención de este artículo es que los padres de estos niños tengan un poco más claro el problema de sus hijos y conozcan cuál es el abordaje que se lleva a nivel internacional y que es el que ha tenido mejores resultados a fin de proporcionarles a estos niños la atención más adecuada.
La calidad de la atención tiene que ver ellos mismo (sus niños), como las instituciones escolares y los profesionales que los atienden para que ellos sean quienes estén pendientes, de que la intervención o tratamiento que está recibiendo su hijo sea el más actualizado y el mejor hasta ahora.
Causas
En cuanto a su etiología o causas, existe un amplio espectro de factores causales, tanto biológicos como hereditarios, psicosociales y la interacción entre ellos.
Entre los factores biológicos no genéticos se han observado diversas complicaciones prenatales y perinatales, por ejemplo, el consumo materno de alcohol, drogas o tabaco, bajo peso al nacer, retraso en la maduración neurológica o las lesiones cerebrales.
Aún no se conocen con certeza las causas inmediatas de este trastorno, estudios recientes de neuroimagen señalan un funcionamiento defectuoso en determinadas regiones cerebrales, como que la corteza prefrontal derecha, dos de los ganglios basales y algunas zonas del cuerpo calloso tienen un tamaño más reducido en los niños hiperactivos.
Y se sospecha de la existencia de mutación de genes en estas áreas cerebrales, siendo probable que algún tipo de los genes implicados en la formación embrionaria de estas áreas, sean los encargados de dirigir la manera cómo el cerebro utiliza la dopamina, por lo que se cree que en estos niños se produce un defectuoso proceso de la transmisión de este neurotransmisor.
Esta difusión se manifiesta en un déficit en la inhibición conductual y el autocontrol que impide interiorizar y aplicar adecuadamente las cuatro funciones ejecutivas necesarias para tener éxito en las actividades mentales como son: Memoria de trabajo, interiorización del lenguaje autodirigido, control de emociones, de la motivación y reconstitución.
Y se manifiesta conductualmente en los niños (y en los adultos que también lo padecen) como una gran dificultad para guiar sus conductas mediante autoinstrucciones y para frenar sus propias conductas inapropiadas.
Estos datos son los que sientan las bases para implementar el tratamiento farmacológico y por ello, se obtienen buenos resultados con el mismo.
¿Cuestión de herencia?
La transmisión hereditaria también está siendo respaldada por hallazgos en estudios de familias y se ha observado que los hijos de padres con el trastorno tienen hasta un 50% de probabilidad de padecerlo y en investigaciones con gemelos indican que los factores genéticos explican entre un 50% y un 70%.
No podemos dejar de lado la causa ambiental que interactúa con lo orgánico; en nuestra sociedad ha habido cambios radicales que han creado situaciones sociales que intensifican o hacen más evidentes los síntomas del problema, como sería un pobre ejercicio de la paternidad, psicopatologías de los padres, pobre situación – económica, estrés psicosocial de la familia, el trabajo sedentario que exige una concentración mental prolongada, la gratificación instantánea que proporciona la tecnología electrónica, las altas tasas de divorcios, familias no normativas y familias no convencionales, el estrés que supone para las familias el ejercicio profesional e ambos padres, y en general el tipo de vida actual.
Ya que es un problema complejo, es necesaria la comprensión multimetodológica y multidisciplinar.
Progresivamente se está tomando conciencia de este abordaje, actualmente en los grandes centros de atención se observa la tendencia a realizar una evaluación más comprensiva que incluye la remisión del niño al psicólogo.
A finales de los 80, los médicos basaban el diagnostico solamente en observaciones del niño en la clínica y en la respuesta positiva a la medicación, sólo el 53% los pediatras, el 44% de los médicos familiares, el 35% los psiquiatras y el 10% de los neurólogos solicitaban el informe psicológico para completar el estudio y el diagnóstico.
La queja casi siempre viene de los padres o maestros, quienes los remiten al psicólogo del centro de estudios, quien a su vez solicita la intervención de su pediatra, más específicamente el neuropediatra, que en conjunción con la valoración psicológica pertinente, es finalmente quien determinará el diagnóstico preciso que posibilite la intervención terapéutica más oportuna.
Evaluación completa
La guía más reciente para el estudio de este trastorno incluye una evaluación más completa y exhaustiva que incluye el examen médico especializado, exploración neurológica, incluyendo los signos menores, y una minuciosa historia de los síntomas específicos.
Dependiendo de esto, el médico indicará la necesidad de pruebas complementarias como las neurofisiológicas (electroencefalograma, mapeo cerebral, potenciales evocados), de neuroimagen (tomografía, resonancia magnética) o bioquímicas, así como la valoración psiquiátrica, ya que este tipo de trastorno, en ocasiones, se presenta en conjunto con otros padecimientos de este tipo.
La evaluación psicológica incluye pruebas neuropsicológicas para la evaluación de las áreas que se ven afectadas en este tipo de problema, así como reportes de comportamiento, tanto de los padres como de los maestros, además de una evaluación psicopedagógica, a fin de programar el tratamiento específico en cada caso.
El tratamiento de tipo combinado, o sea, el que aborda el problema desde el punto de vista interdisciplinario, es el que mayor resultados satisfactorios ha obtenido, que comienza en los aspectos diagnósticos y se continúa en el tratamiento y seguimiento evolutivo a largo plazo, posibilitando así una mejor evolución clínica y la más adecuada integración psicosocial en la evolución futura de estos niños en la adolescencia y en la edad adulta.
Psicóloga Clínica Rosa Guadalupe. Félix Uribe. Centro Médico del Río. Recibe comentarios al teléfono (662) 217-3513 ó al Celular: 044 6621 02-0125, ó al e-mail: rosy_felix@hotmail.com
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