jueves, 8 de septiembre de 2011

LOS NIÑOS BULLY

El término bully se deriva del inglés bull (toro) y se refiere a los niños que se caracterizan por acosar física o verbalmente a sus compañeros de aula o de la escuela, aprovechándose de su estatura, de su complexión física y la influencia que tiene sobre el grupo.

Los niños bully se burlan de algún otro por su baja estatura, por el color de piel, porque tiene un defecto físico notorio (unn lunar, mancha, discapacidad), problema de lenguaje, y el hecho de que él lo haga, ocasiona que también ocurra con los demás.

El niño que es víctima del bullying, se muestra inseguro, apartado, tiene muy poca sociabilidad y, generalmente, no le paltica de su situación a sus maestros o a sus padres, teme que haya represalias en su contra, muchas de las ocasiones, el acoso ocurre en el receso, en la salida o cuando no hya ninguna autoridad en el aula.

Este problema es notorio desde nivel preescolar y se agudiza más en secundaria; y en preparatoria en menor medida. Está presente en todas las escuelas del país.

El personal docente en todo momento debe mantener la autoridad en el grupo, fomentar el compañerismo y el respeto para que no vayan a suscitarse escenas violentas y si ocurre, no justitificarlas; prendamos el botón de alerta cuando detecteos a niños, nerviosos, que lloran aparentemente sin motivos, que se niegan a entrar al aula y a veces a la escuela misma.

En estos casos es trascendental el trabajo del departamento de psicología, el apoyo de los padres de familia y, por supuesto, del personal académico y de la dirección, para actuar a tiempo.

Todo es cuestión de carácter, de decisión y de conocimiento del problema, para tomar medidas concretas y si todos actuamos coordialemente, hay que tratar de erradicar el problema del bullying y dar paso al respeto y a la armonía en toda comunidad escolar.

Sistema Educativo Valladolid CDO

domingo, 4 de septiembre de 2011

Déficit de atención

Afecta entre los 10 y 15 por ciento de los niños en edad escolar y muchos maestros ignoran la existencia de este problema.

Especial Buena Salud

Desde los años cuarenta, los investigadores han hablado de los niños que tienen comportamientos distintos y un rendimiento escolar bajo, aunque su apariencia física demuestre que se trata de niños normales y sin ningún problema.
En esos primeros intentos por conocer más acerca de estos niños, los investigadores de los países más avanzados catalogaron este problema como retraso mental ya que no tenía el rendimiento escolar deseado y se caracterizaban por su hiperactividad y falta de atención en clase.
Posteriormente se dieron cuenta que su inteligencia era obvia y la clasificación dejó de ser retraso mental para pasar a lesión cerebral; después de algunos años se cercioraron de que no existía ninguna lesión cerebral y pasaron a darle un nuevo nombre, etiquetándolos como niños con disfunción cerebral mínima.
También llegó a llamárseles niños hiperquinéticos, niños hiperactivos y en los últimos años se les han clasificado como niños con “Déficit de Atención con hiperactividad o sin ella”.

Bajo rendimiento escolar
Estos niños se caracterizan por su cortos periodos de atención, por su impulsividad y por su bajo rendimiento escolar; no se trata de ningún daño neurológico o lesión cerebral que pudiera existir, sino que habla de la falta de una sustancia llamada dopamina que hace a estos niños tener necesidades especiales en cuanto a enseñanza se refiere.
Un buen porcentaje de maestros que trabajan con niños en las escuelas regularmente desconocen el problema y presionan y exigen de ellos comportamientos que estos niños es difícil que se den.
Les exigen calidad en el trabajo y no la pueden tener, les exigen control de sus impulsos y no es posible, le exigen que tengan el mismo ritmo de trabajo que el resto del grupo y no lo logran, pero el maestro sigue presionando con diferentes castigos y el niño sigue sin responder, generando todo esto como consecuencia un problema emocional y conductual adicional al problema original, que complica aún más la situación del niño.
El niño con “déficit de atención” se caracteriza por la falta de atención en clase, su memoria es pobre, olvida fácilmente lo que aprende, presenta en ocasiones alteraciones en su lenguaje en cuanto a pronunciación se refiere, problemas en la lectoescritura, su carácter es difícil, se emberrincha y se enoja con facilidad, problemas ligeros en el área motora sobre todo en coordinación motriz fina y como consecuencia de todo esto existe un bajo rendimiento escolar.
Se habla de un porcentaje entre el 10 y 15% de niños con estas características dentro de la población escolar y lo más interesante es que se presenta con mayor frecuencia en niños que niñas.
Se desconoce cuál sea la razón de que el porcentaje sea más alto en varones que en niñas; se habla de que diez niños con “desorden en la atención”, siete son varones y tres son mujeres.

Enseñanza especial
Estos niños requieren primeramente de un diagnóstico que nos indique que se trata de un niño con “déficit de atención”, una vez obtenido el diagnóstico se requiere de una enseñanza especial, con personas capacitadas, una metodología y trato distinto donde su autoestima mejore, ya que es lo primero que pierden.
Además se requiere que se desenvuelvan en grupos muy pequeños que le permitan tener poco estímulos y distractores que le perjudiquen.
Algunos de ellos requieren de la ayuda médica para controlar su impulsividad y la hiperactividad, así como una supervisión frecuente con el fin de guiar y estimular su esfuerzo en el trabajo y de esa manera puedan tener éxitos diarios que lo motiven y le den satisfacciones que lo lleven a interesarse en la escuela.


Profr. M. Enrique Vázquez López.
Director General del Colegio Edia

Causas del déficit de atención

En ocasiones, por negligencia o por una falta de una evaluación exhaustiva del caso, se diagnostica con mucha frecuencia y de manera superficial este síndrome.

Para conocer las causas y el mejor tratamiento de este síndrome es necesaria la intervención de diversos especialistas, y esa es la tendencia a nivel internacional.
Cada vez se habla más sobre el trastorno de déficit de atención en los niños, y mucho se ha avanzado en su conocimiento, pero aún se sigue investigando a fin de conocerlo y tratarlo de la mejor manera.
Esto se debe a que en ocasiones, por negligencia o por una falta de una evaluación exhaustiva del caso, se diagnostica con mucha frecuencia y de manera superficial, sin hacer una delimitación adecuada del diagnóstico y sin tomar en cuenta los demás factores que intervienen y sus morbilidades, que pueden confundir al médico de primera intención, y de esta manera el niño recibe un tratamiento a medias, que obtendrá resultados también a medias.
La intención de este artículo es que los padres de estos niños tengan un poco más claro el problema de sus hijos y conozcan cuál es el abordaje que se lleva a nivel internacional y que es el que ha tenido mejores resultados a fin de proporcionarles a estos niños la atención más adecuada.
La calidad de la atención tiene que ver ellos mismo (sus niños), como las instituciones escolares y los profesionales que los atienden para que ellos sean quienes estén pendientes, de que la intervención o tratamiento que está recibiendo su hijo sea el más actualizado y el mejor hasta ahora.

Causas
En cuanto a su etiología o causas, existe un amplio espectro de factores causales, tanto biológicos como hereditarios, psicosociales y la interacción entre ellos.
Entre los factores biológicos no genéticos se han observado diversas complicaciones prenatales y perinatales, por ejemplo, el consumo materno de alcohol, drogas o tabaco, bajo peso al nacer, retraso en la maduración neurológica o las lesiones cerebrales.
Aún no se conocen con certeza las causas inmediatas de este trastorno, estudios recientes de neuroimagen señalan un funcionamiento defectuoso en determinadas regiones cerebrales, como que la corteza prefrontal derecha, dos de los ganglios basales y algunas zonas del cuerpo calloso tienen un tamaño más reducido en los niños hiperactivos.
Y se sospecha de la existencia de mutación de genes en estas áreas cerebrales, siendo probable que algún tipo de los genes implicados en la formación embrionaria de estas áreas, sean los encargados de dirigir la manera cómo el cerebro utiliza la dopamina, por lo que se cree que en estos niños se produce un defectuoso proceso de la transmisión de este neurotransmisor.
Esta difusión se manifiesta en un déficit en la inhibición conductual y el autocontrol que impide interiorizar y aplicar adecuadamente las cuatro funciones ejecutivas necesarias para tener éxito en las actividades mentales como son: Memoria de trabajo, interiorización del lenguaje autodirigido, control de emociones, de la motivación y reconstitución.
Y se manifiesta conductualmente en los niños (y en los adultos que también lo padecen) como una gran dificultad para guiar sus conductas mediante autoinstrucciones y para frenar sus propias conductas inapropiadas.
Estos datos son los que sientan las bases para implementar el tratamiento farmacológico y por ello, se obtienen buenos resultados con el mismo.

¿Cuestión de herencia?
La transmisión hereditaria también está siendo respaldada por hallazgos en estudios de familias y se ha observado que los hijos de padres con el trastorno tienen hasta un 50% de probabilidad de padecerlo y en investigaciones con gemelos indican que los factores genéticos explican entre un 50% y un 70%.
No podemos dejar de lado la causa ambiental que interactúa con lo orgánico; en nuestra sociedad ha habido cambios radicales que han creado situaciones sociales que intensifican o hacen más evidentes los síntomas del problema, como sería un pobre ejercicio de la paternidad, psicopatologías de los padres, pobre situación – económica, estrés psicosocial de la familia, el trabajo sedentario que exige una concentración mental prolongada, la gratificación instantánea que proporciona la tecnología electrónica, las altas tasas de divorcios, familias no normativas y familias no convencionales, el estrés que supone para las familias el ejercicio profesional e ambos padres, y en general el tipo de vida actual.
Ya que es un problema complejo, es necesaria la comprensión multimetodológica y multidisciplinar.
Progresivamente se está tomando conciencia de este abordaje, actualmente en los grandes centros de atención se observa la tendencia a realizar una evaluación más comprensiva que incluye la remisión del niño al psicólogo.
A finales de los 80, los médicos basaban el diagnostico solamente en observaciones del niño en la clínica y en la respuesta positiva a la medicación, sólo el 53% los pediatras, el 44% de los médicos familiares, el 35% los psiquiatras y el 10% de los neurólogos solicitaban el informe psicológico para completar el estudio y el diagnóstico.
La queja casi siempre viene de los padres o maestros, quienes los remiten al psicólogo del centro de estudios, quien a su vez solicita la intervención de su pediatra, más específicamente el neuropediatra, que en conjunción con la valoración psicológica pertinente, es finalmente quien determinará el diagnóstico preciso que posibilite la intervención terapéutica más oportuna.

Evaluación completa
La guía más reciente para el estudio de este trastorno incluye una evaluación más completa y exhaustiva que incluye el examen médico especializado, exploración neurológica, incluyendo los signos menores, y una minuciosa historia de los síntomas específicos.
Dependiendo de esto, el médico indicará la necesidad de pruebas complementarias como las neurofisiológicas (electroencefalograma, mapeo cerebral, potenciales evocados), de neuroimagen (tomografía, resonancia magnética) o bioquímicas, así como la valoración psiquiátrica, ya que este tipo de trastorno, en ocasiones, se presenta en conjunto con otros padecimientos de este tipo.
La evaluación psicológica incluye pruebas neuropsicológicas para la evaluación de las áreas que se ven afectadas en este tipo de problema, así como reportes de comportamiento, tanto de los padres como de los maestros, además de una evaluación psicopedagógica, a fin de programar el tratamiento específico en cada caso.
El tratamiento de tipo combinado, o sea, el que aborda el problema desde el punto de vista interdisciplinario, es el que mayor resultados satisfactorios ha obtenido, que comienza en los aspectos diagnósticos y se continúa en el tratamiento y seguimiento evolutivo a largo plazo, posibilitando así una mejor evolución clínica y la más adecuada integración psicosocial en la evolución futura de estos niños en la adolescencia y en la edad adulta.

Psicóloga Clínica Rosa Guadalupe. Félix Uribe. Centro Médico del Río. Recibe comentarios al teléfono (662) 217-3513 ó al Celular: 044 6621 02-0125, ó al e-mail: rosy_felix@hotmail.com